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domingo, 23 de enero de 2011

La primera

Casi treinta acciones de un sábado tranquilo: 

- Despertar por mi cuenta, sin alarma y a una hora razonable.

- Desayunar tranquilamente, con las persianas totalmente subidas y la luz entrando a raudales en el salón.

- Investigar por Internet en busca de los dos madrigales italianos que aprendí hace años, en aquel coro sin nombre… y encontrarlos: «Io ti voria contar la pena mia» y «Più lieta di me non è donna alcuna». 

- Responder correos, intercambiar enlaces interesantes con mi compañero de piso desde la habitación contigua.

- Curiosear un poco más por la Red, de enlace en enlace, de página en página hasta llegar por azar a un inesperado artículo de la Wikipedia.

- Poner una lavadora, cocinar, ver las noticias, almorzar.

- Ver una insípida película de sobremesa entre cabezadas y con un ojo puesto en el fluido ajetreo del Twitter.

- Tender la ropa, ordenar libros, leer, leer y leer.

- Darme una ducha y pintarme los ojos con kohl por el mero placer de hacerlo.

- Abrigarme bien —jersey favorito, vaqueros, botas, gorro, guantes, abrigo, pañoleta— simplemente para ir al supermercado. 

- Pasear tranquilamente por el barrio con el carrito de la compra aún vacío y acompañada por The National.

- Comprar los ingredientes para volver a hacer, entre otras cosas, las galletas de limón que recomendaba Marcy en su blog

- Llegar a casa, colocar la compra, hacer la masa de las galletas y ponerla a reposar mientras intento decidir qué película veré más tarde.  

- Pasar a la pantalla un conjunto de frases que se convertirá en la excusa perfecta, el pretexto más nimio para la primera entrada del año en La hormiga guisante.

Gracias por seguir ahí. Feliz enero.

    jueves, 30 de diciembre de 2010

    Un año de aniversarios

    Dentro de pocas horas empieza un año de señalados aniversarios. Así, en un momentito, se me han ocurrido dos: los diez años del 11-S y los otros diez añitos que cumple mi reveladora estancia Erasmus en Alemania (hito personal que pone en mis labios un inusitado «¡Cómo pasa el tiempo, maaadre!», así, sin anestesia y a mi tierna edad). En fin, aniversarios dispares, sí, pero cuyos referentes recuerdo nítidamente. ¿Ya voy teniendo edad? 
    Sea como sea, el que viene es, como siempre, un año nuevecito, impoluto, listo para estrenar, aún sin sambenitos, ni cruces negras, con el precinto puesto y olor a recién hecho. Dentro de unos cuantos meses estas sensaciones se habrán desvanecido y quizás habremos encontrado motivos suficientes para maldecirlo y colocarle el cartelito de annus horribilis, con más o menos razón. Así pues, poco importan ahora los propósitos, los augurios o los pálpitos sobre el 2011, habrá que esperar a estar metidos en harina. 
    Mientras llega el momento, yo les voy deseando que saquen bien los pies del 2010, sin tropiezos significativos y que los metan grácilmente y sin incidencias en el 2011. Todo lo demás, si procede, ya lo iremos comentando según vaya sucediendo. Alegrías del mundo 2.0.


    ¡Un abrazo!


    lunes, 1 de noviembre de 2010

    De hormigas y guisantes

    Un día, en una conversación con unos amigos descubrí por casualidad que existían en el universo rolero de Fading Suns unos seres muy curiosos: las hormigas guisante. Los guisantes siempre me han parecido una legumbre —que no verdura— muy conseguida, de diseño minimalista y muy apañado, así que la imagen de un minúsculo ser formado por bolitas verdes y con antenitas me resultó de lo más simpática (nótese el adjetivo, los entendidos en rol sabrán desde este mismo momento que no soy una de ellos).

    Give peas a chance! By Yum Pop
    Sea como sea, la conversación iba de errores de traducción en la literatura de este género, con lo cual, sobre la marcha me informaron de que no existían tales seres en Fading Suns (ni en ningún otro juego conocido). Se trataba simplemente de una metedura de pata de ésas que pasan a la historia. Las hormigas guisante en realidad no estaban destinadas a la gloria; no estaban ni siquiera destinadas a existir, ya que no fueron más que el producto de una mala interpretación de la palabra inglesa peasants (‘campesinos’).

    Según explicó el propio traductor a raíz del revuelo que ocasionó el asunto entre los aficionados, en el original la palabra aparecía cortada al final del último reglón de una página y sin guión, dando lugar a la grafía peas || ants, que en un momento de ofuscación el pobre hombre interpretó literalmente con curioso resultado. El error no sólo se coló en la traducción, sino que durante el proceso de revisión también pasó inadvertido y, así, llegó a las manos de los entusiastas de Fading Suns, quienes a partir de ahí lo convirtieron en parte fundamental del anecdotario de las traducciones roleras. Hasta aquí lo que la historia da de sí.

    A partir de hoy, además de una monumental pifia de traducción, La hormiga guisante será también el título de este blog.

    Y esto es porque se me ocurre que, de existir, las hormigas guisante serían más monas que las hormigas rojas (que me destrozaban las piernas a picotazos en Guatemala) y por ello merecen un espacio propio en la Red; porque el término fue producto de una mala traducción y, casualmente, soy traductora; porque encontré una plantilla para Blogger que me iba que ni pintada; porque a veces quiero colgar cosas en Internet y no sé muy bien dónde hacerlo; porque puede que me haya contagiado de una creciente epidemia bloguera en mi entorno; porque hacía tiempo que me rondaba la idea por la cabeza y finalmente ha ido tomando algo de forma; porque… ¿por qué no?

    En definitivas cuentas, La hormiga guisante ya está aquí y se moverá al son de los vaivenes propios de su autora y de sus intereses más que dispersos. Por lo tanto, en estas páginas virtuales se podrán encontrar entradas de toda índole y, además, con la más aleatoria de las periodicidades. Todo un chollo, ¿eh? Será así al menos de momento, ya veremos hacia dónde me va llevando la marea.

    Que empiece la función.