domingo, 23 de enero de 2011

La primera

Casi treinta acciones de un sábado tranquilo: 

- Despertar por mi cuenta, sin alarma y a una hora razonable.

- Desayunar tranquilamente, con las persianas totalmente subidas y la luz entrando a raudales en el salón.

- Investigar por Internet en busca de los dos madrigales italianos que aprendí hace años, en aquel coro sin nombre… y encontrarlos: «Io ti voria contar la pena mia» y «Più lieta di me non è donna alcuna». 

- Responder correos, intercambiar enlaces interesantes con mi compañero de piso desde la habitación contigua.

- Curiosear un poco más por la Red, de enlace en enlace, de página en página hasta llegar por azar a un inesperado artículo de la Wikipedia.

- Poner una lavadora, cocinar, ver las noticias, almorzar.

- Ver una insípida película de sobremesa entre cabezadas y con un ojo puesto en el fluido ajetreo del Twitter.

- Tender la ropa, ordenar libros, leer, leer y leer.

- Darme una ducha y pintarme los ojos con kohl por el mero placer de hacerlo.

- Abrigarme bien —jersey favorito, vaqueros, botas, gorro, guantes, abrigo, pañoleta— simplemente para ir al supermercado. 

- Pasear tranquilamente por el barrio con el carrito de la compra aún vacío y acompañada por The National.

- Comprar los ingredientes para volver a hacer, entre otras cosas, las galletas de limón que recomendaba Marcy en su blog

- Llegar a casa, colocar la compra, hacer la masa de las galletas y ponerla a reposar mientras intento decidir qué película veré más tarde.  

- Pasar a la pantalla un conjunto de frases que se convertirá en la excusa perfecta, el pretexto más nimio para la primera entrada del año en La hormiga guisante.

Gracias por seguir ahí. Feliz enero.